lunes

Señales

A ella le diagnosticaron mirada felina al poco de nacer. Sin embargo, sus padres no le dieron mayor importancia, hasta que empezó a emitir aquellos extraños maullidos el día que le mostraron a su hermano recién nacido; tan pequeño e indefenso como un gorrión.


María Coca

Imagen: K. Buceatchi

Enemigo público

Siempre había conocido un mundo en blanco y negro. De ahí que todos a su alrededor fueran personas grises, con tonalidades concretas pero grises. Por eso se dedicó a pintar cuanto le rodeaba con lápices de colores. Repintó árboles, hojas, pájaros, cielos, amaneceres, sonrisas y hasta nostalgias con tal de transformar el mundo entero.

Sin embargo, a pesar del colorido la gente seguía siendo gris por dentro y se quejaban de ver azules que tachaban de verdes y ocres que les parecían magentas. Nadie se ponía de acuerdo porque en la variedad estaba el disgusto. Así que, llegados a ese extremo, acusaron al colorista de alborotador social y aún hoy lo buscan para que vuelva a pintar el mundo tal y como estaba.



María Coca

Imagen: A. Brakstad

martes

Letrosucción

Tenía la cabeza tan llena de palabras que nunca había escuchado el silencio. Y eso era algo que le quitaba el sueño. Dominaba perfectamente el uso de los adverbios y los adjetivos más idóneos para cada ocasión pero era incapaz de interpretar los silencios. Ese era su talón de Aquiles.

Por tal motivo, se sometió a una operación de reducción de vocabulario que le ha devuelto la felicidad al contemplarse frente al espejo y, por primera vez en su vida, quedarse sin nada que decir.


María Coca


Imagen: M. Pappan

lunes

Clemencia

Más allá del mar está la nada. Él lo sabe desde que su padre desapareció un día en el océano y no regresó. Se lo tragó la nada, le dijeron. Al poco, por causas que nunca entendió naturales su madre murió. Desde entonces, cada tarde se asoma a la orilla del mar por si la nada se apiada de él y le devuelve a su padre, ahora que se ha quedado solo.



María Coca


Imagen: Lars Raun

La jefa

Al levantar el vaso fue cuando lo vio. Él parecía querer decirle algo o al menos eso pensó ella antes de darse cuenta de que aquel hombre era el nuevo becario del departamento comercial. Por lo visto, se ahogaba en un vaso de agua, así que sin más, se lo tragó.




María Coca



Imagen: Teresa Zafón

martes

Anarquía emocional

El día que me senté frente a todos mis estados de ánimo sólo conseguí un fuerte dolor de cabeza cuando mi ansiedad empezó a tirar del pelo a mi tristeza. Después de todo, esta clase de reuniones sólo sirven para alimentar rencillas del subconsciente. Por eso he decidido que de ahora en adelante, se acabaron las terapias de grupo dentro de mi cabeza. La democracia, en el terreno de la psicología, perjudica seriamente la salud.



María Coca

lunes

El sin poder del dinero

A ella le sobraba clase pero no tenía con quién derrocharla. Por eso se acostumbró a las relaciones de talones nominativos. Ellos la adulaban y ella se dejaba querer como si de verdad fuera amada. Después los despedía. Odiaba que alguien pudiera contemplarla al despertar, cuando sólo era una mujer maquillada de soledad.



María Coca



Imagen: Fabrizio R.

martes

El desmitificado

El día que se le cayeron todos los mitos al suelo, conducía como de costumbre hacia el trabajo. Llegaba tarde así que aceleró cuanto pudo y fue entonces cuando ocurrió.

A primera vista, el accidente no le causó ningún problema físico. Cierto dolor en un brazo pero poco más. Eso sí: todos sus mitos aparecieron desparramados por todas partes y fue incapaz de recuperarlos.

Desde aquel momento, dejó de creer en nada o más bien empezó a creer en la nada. Buscó entre los mitos de su mujer pero no le sirvieron. Siempre habían tenido gustos y visiones muy dispares. Tampoco los superhéroes que tenían sus hijos le podían salvar a estas alturas. Así que, desmoralizado, se dedicó a hacer nada salvo trabajar, por supuesto. Mitos aparte, de la nada no se vive.


María Coca


Imagen: Denis Grzetic

lunes

Juego de disfraces

Se hizo mayor para que nadie se diera cuenta de que seguía siendo una niña. Y logró despistar a todos con su vestimenta y sus ademanes de mujer cansada de serlo. Pero cada vez que le era posible, se marchaba a la playa para pintarle las uñas al mar mientras esperaba la llegada de su príncipe azul. Sólo él podría sacarla de aquel cuento de realidad que tanto la aburría.


María Coca


Imagen: D. A. Suyamto

martes

Sincronismos

Entre él y ella, el tiempo era el tercero en discordia. Habían aprendido a compartir espacios pero eran incapaces de hacerlo en un mismo presente. Ella siempre iba por delante del minutero y él se quedaba rezagado entre los segundos. Así que cuando se besaban, ella ya pensaba en el después y él en qué había ocurrido antes para llegar a ese punto. De hecho, nunca hacían nada a la vez pero se querían a su manera -con antelaciones y retrasos- como cualquier pareja normal.


María Coca


Imagen: Victoria V.

Elección

Cuando el escritor que ya no escribe se marchó en busca de la imaginación, sólo llevaba una corazonada en la maleta: sabía que tarde o temprano la encontraría. Y se dejó llevar de norte a sur y de este a oeste tras las huellas de su propio sueño.

Colocó anuncios en los periódicos, carteles por todas partes y hasta elaboró una página web para dar con ella. Pero todos sus esfuerzos parecieron inútiles, hasta que cierto día recibió un mensaje en su móvil: “No volveré contigo hasta que ella se vaya.”

Desde entonces, el escritor que ya no escribe respira tranquilo. Ahora sólo es cuestión de decirle adiós a la pereza.


María Coca


Imagen: Tim Holte

jueves

Las madres no mienten

Lo que no mata, engorda. Su madre siempre se lo había repetido. Por eso no le preocupaban aquellos kilos de más que tantos problemas de salud le acarreaban: tenía razones de peso para creer que viviría eternamente.

María Coca

Imagen: El Porte-Bonheur

viernes

Canales de incomunicación


Terminaré por amar esta distancia
plagada de surcos
y puentes levadizos
entre tu mundo y el mío




María Coca

Imagen: B. Baus

miércoles

Miedo congénito

Cada vez que se sentía feliz asumía que a continuación iba a ser el hombre más desgraciado del mundo. No creía en los términos medios. Y tan fuerte era su convicción que él mismo procuraba sufrir lo máximo tras los breves instantes en que la felicidad le rozaba.

Lo tenía claro. Así que por tal motivo, el mismo día que logró llevar a la cama a la mujer que siempre había amado, le escribió una carta de arrepentimiento para que ella le odiara. Y todo por su miedo innato a la felicidad, el mismo que había heredado de su madre, quien acababa de enterrar a su quinto marido con el que había sido la mujer más feliz del mundo.


María Coca

Imagen: E. Madriaga

viernes

Ojo por ojo

Cuando quiso darse cuenta, había perdido una semana de vida así sin más. Justo una semana, según el calendario que tatuaba la pared de su cocina. Y como no recordaba haberla vivido, sólo pudo pensar que se la habían robado.

Desde entonces va por ahí haciendo perder el tiempo a los demás como venganza. Tal vez así consiga alargar el suyo, puesto que el tiempo que unos pierden, otros lo deben ganar.

María Coca
Imagen: K. Brioukhanov

lunes

"Big Bang"

De repente
el amor se hizo un hueco
entre el rencor y el miedo
y fue ganando terreno
hasta que un relámpago de duda
lo convirtió en un agujero negro
en el universo del recuerdo





María Coca


Imagen: S. Brauchli

Simbiosis

Entre ellos el amor ya no estaba bien visto. Pero no les importaba. Se querían a pesar de la notable diferencia de edad. De hecho, de tanto amarse empezaron a parecerse entre sí, porque cada uno se fue haciendo parte del otro. Y tanto se asemejaron que, pese a que ella nació treinta años antes, a día de hoy nadie podría asegurar cuál de los dos ha logrado poner en jaque al tiempo, puesto que ambos parecen tener quince años.


María Coca


Imagen: A. Petrov

Parcelas dimensionales

El otro día me encontré con el amor de mi vida y no me reconoció. Se ve que sólo soy la mujer de sus sueños...



María Coca


Imagen: E. Brook

Ceguera

Él la quería porque en sus ojos se reflejaba el que él hubiera querido ser. Ella sin embargo, lo odiaba cada vez que él la miraba a los ojos y dejaba de contemplarla tal como era.


María Coca


Imagen: B. Moback

martes

Flechazo

Todos sus poemas eran redes para atrapar palabras de amor con las que abrigarse. Y siempre había sido así hasta que cierto día, entre sus redes quedó prendida una sirena.

Desde entonces ella vive tatuada en su piel y todos los besos que él le regala, se transforman en versos con sabor a sal.


María Coca

Imagen: K. Lomonosov

lunes

Sueños etéreos



Todos los sueños
se alimentan de realidad
en la medida de lo imposible





María Coca


Imagen: Andi Todea

Sobre mí

  • Maria Coca
  • Sevilla, Spain
Datos
Tú no eres como los demás niñ@s -decía mi madre- Y si no puedes sobrevivir en este mundo, mejor será que te construyas uno propio. (J. Winterson)
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