martes

El lenguaje de los sabores

Según el día, ella cocina una tarta de felicidad con fondo de frambuesa para su marido. Pero son los menos. Lo más frecuente es que se lleve horas amasando una desdichada tarta de almíbar que después le ofrece cada noche.

"Siempre quiero saber cómo te sientes", le había dicho nada más conocerla. Desde ese día, ella le ofrece sus emociones en bandeja y él se pregunta si alguna vez será capaz de averiguar cuáles son los ingredientes que provocan en su mujer esas emociones que a él le resultan tan insípidas.

Mientras tanto, ambos se miran y se sonríen como si de verdad se comprendieran.


María Coca

Imagen: D. Griteniene

jueves

El felino prudente

El gato al que sólo le queda una vida, mira a la gata con deseo. Decide saltar sobre ella, amarla apasionadamente y convertirse en el padre de su próxima camada. Y justo antes de dar el paso, recuerda que tanta pasión es perjudicial para su salud. Pero es un animal de costumbres y volvería a morir las veces que fuera entre las patas de aquella felina.

En ello está cuando aparece un automóvil que no ve llegar y resulta arrollado sin pasión ni emoción alguna.



María Coca

Imagen: A. Vahrushew

lunes

¿Realidad o ficción?

Ha llegado a la última línea y debe pasar página. Al otro lado le espera un nuevo abismo, lo sabe. Pero su curiosidad le vence. Su primer amor, sin embargo, decide quedarse. Él la agarra con fuerza para obligarla a acompañarle pero es inútil. Ambos lloran y gritan. Él le jura amor eterno, hasta que, dos capítulos más tarde, conoce al amor de su vida. Es ahora cuando se aferra con determinación a ese párrafo y se esconde antes de llegar al pie de página para perderse de vista. Y a continuación... ¿? ¿Dónde está?



María Coca

Imagen: E. Madariaga

Autodefensas

La niña ve alejarse a su padre. Sabe que no va a volver. Él mismo se lo ha dicho antes de irse. Lo observa empequeñecerse cada vez más hasta que al final, su figura se desvanece en el horizonte. Entonces mira a su madre y le dice que este cuento no le gusta.

"No pasa nada, -responde la mujer- nos inventaremos otro".

Y entre ambas idean la forma de crear un cuento de vida a la medida de sus deseos, como la gran mayoría.


María Coca

Imagen: E. Stephenson

martes

Consignas

Arrastra sus culpas en una maleta que por más que lo intenta, nunca pierde. Recorre aeropuertos con la única intención de facturar sus miserias hacia cualquier destino que no sea el suyo. Lo hace además en diferentes estaciones de trenes y autobuses pero al llegar a casa, la maleta sigue ahí, como un dolor de cuello que te engarrota el alma.

-¿Ya has vuelto? -Le pregunta su mujer. Y antes de responder, oculta una vez más la maleta en el armario donde ella no la pueda ver, sin reparar en que, a pocos metros y oculta tras un abrigo, la de ella le observaba sin hacer ruido.

A continuación, los dos se sientan a cenar, mientras se cuentan lo que imaginan que serían sus vidas sin tener que pasear sus maletas cada día.



María Coca

Imagen: G. Downs

lunes

Sherezade

Cada vez que hacían el amor, ella olía de una forma diferente. No se trataba de ningún perfume, estaba seguro. Unos días, su olor era el de la tierra mojada. Otros, el de una fruta exótica y en ocasiones, olía como un recuerdo infantil.

Ella siempre le sorprendía y eso le gustaba. En el fondo, deseaba conocer su secreto. Saber por qué su olor era diferente cada vez. Y fue así como el sicario se hizo eternamente fiel a la mujer que le habían encomendado asesinar treinta años atrás.



María Coca


Imagen: A. Wessengger

El vividor

Dejó de trabajar para vivir de la literatura. Pero a ella no le gustaba tenerlo todo el día en casa holgazaneando. Le irritaba verlo perseguir a las musas constantemente delante de sus ojos y su egoísmo sin tapujos. Pero sobre todo, no soportaba tener que escucharlo decir que por ella lo había dejado absolutamente todo.

Así que, cierto día sin dar explicaciones, la literatura le puso las maletas en la puerta.

Desde entonces, el escritor va por ahí diciendo que ha dejado de escribir para vivir de la moda.



María Coca

Imagen: B. Dick

domingo

Mundos desconocidos

A simple vista parecía un tatuaje. Lo acarició con delicadeza. Después la besó y fue recorriendo la geografía de su cuerpo. La deseaba. Volvió a contemplar la mancha sobre su vientre. Y mientras más observaba la forma de aquel felino, más le atraía. La besó de nuevo y sintió dolor. Perdió la conciencia e imaginó que soñaba con animales salvajes que enjaulaban hombres para después comerlos.

Al despertar, la mujer dormía a su lado. Sólo después se percató de los barrotes de la jaula pero para entonces, ya era demasiado tarde.


María Coca

Imagen: Vasco A.

lunes

Dicen

Dicen que mi amo está loco pero no tienen razón. Es cierto que cree en cuentos de sirenas. Y lanza botellas al mar con mensajes para ellas. También es verdad que le habla a las estrellas, pero si yo le escucho ¿Por qué ellas no?

Después de todo, los que dicen estar cuerdos no hacen más que hablar entre ellos sin entenderse jamás. Por eso se lanzan botellas entre sí con mensajes que unos interpretan de una forma y otros no.

También dicen que soy el mejor amigo del loco. Y sólo en eso les doy la razón a todos esos cuerdos de atar.



María Coca

Imagen: D. Wisse

domingo

Lo malo conocido

Si en algo estamos de acuerdo es en el desacuerdo. Por eso nos llevamos tan bien. Nunca hace lo que yo quiero y viceversa. Es así. Nos enfadamos continuamente. Hasta pasamos semanas sin dirigirnos la palabra. Pero sé que no puede vivir sin mí. Ni yo sin él. Y esta certeza ha logrado mantenernos juntos durante más de cuarenta años.

Hoy mi hija nos dice que piensa casarse. Ella y su novio están de acuerdo en todo, como siempre. Y por primera vez, su padre y yo nos miramos y coincidimos en echarnos a temblar...


María Coca

Imagen: S. Tonessen

miércoles

Deseos peligrosos

Cuando se despertó, él aún seguía allí, como el dinosaurio de Monterroso. Y se juró a sí misma que nunca más volvería a pedirle al hombre de sus sueños que la acompañara. De pronto el miedo la embargó. Fue entonces cuando deseó con todas sus fuerzas que su marido no despertase antes de que aquel hombre desnudo saliera de su realidad y de la cama conyugal.



María Coca

Imagen: K. Lomonosov

domingo

El Tiempo pasa

Cuando se dio cuenta, el tiempo se le había ido de las manos. Trató de atraparlo pero ya era demasiado tarde. Se le esfumaba. El miedo la dejó sin aliento. No podía hacer nada. Así que se dejó llevar por el destino y cerró los ojos.

Al abrirlos, unas manos la acariciaban. Y tras el rostro de su madre, pudo ver la gran esfera del reloj en aquella sala de paritorio adonde el tiempo la había traído sin delicadeza alguna.


María Coca

Imagen: A. Petrov

miércoles

Pura Inercia

De forma inconsciente, ella atrae a esa clase de hombres que ven la vida en blanco y negro. Todos lo saben menos ella, que se ciega de amor. Ayer mismo la vi en compañía de un hombre gris.

Estaba radiante. Noté su mirada al cruzarnos. Su sonrisa era una mezcolanza de colores magentas y violáceos. Sus ojos, de un azul intenso y su piel, una combinación de tonos ocres con carmín. Pero sólo yo la veo así. Mi mujer, por el contrario, considera que no tiene nada de especial, según su manera de verlo todo siempre en blanco y negro.



María Coca

Imagen: R. Monica

lunes

Cuento real

Cuando la conoció no se dio cuenta. Y el día que encontró aquellas plumas blancas bajo las sábanas ya era demasiado tarde: estaba perdidamente enamorado de ella. De su pico de oro y sus ojos negros como el olvido.

Así que se convenció a si mismo de que, pese a las apariencias, era la mujer de sus sueños. Y formaron su hogar a media altura de la perfección. Un nido al que cierto día llegó ella, -su cigüeña-, con un bebé en la boca que él reconoció como suyo. Sólo entonces cayó en la cuenta de que los cuentos basados en hechos reales también existen.


María Coca

jueves

Nueva cosecha

Después del largo letargo sin nada que llevarse al papel, el escritor que no escribía decidió armar una frase. La memoria de sus dedos hicieron el resto y logró llegar hasta la segunda oración. Suspiró. Lo peor había pasado.

A continuación, vislumbró personajes extraños, curiosos, distintos... Necesitaba tiempo para plasmar su sed de historias. De nuevo, le embargó el miedo a escribir pero decidió que sin ese pánico su vida carecía de sentido. Y sin pensarlo, descorchó una nueva etapa de ideas con aromas de sueños. Así, sin más, llegó al punto final de su primer texto.

María Coca

Imagen: C. G.

lunes

Afortunado infeliz

Sin tiempo para reaccionar, el camión de la felicidad se le echó encima. Pero lamentablemente, salió ileso. El impacto le afectó en la parte delantera del vehículo y el exceso de humo le impidió ver toda la felicidad que le había caído encima.

Años más tarde, continua sin darse cuenta de su fortuna. Y ciego de infelicidad, sigue pensando que, pase lo que pase, seguirá siendo un desgraciado.



María Coca

Imagen: R. Kemp

Cuestión de suerte

Ella siempre lograba sacarlo de sus casillas. Después, todo comenzaba de nuevo: los mismos pasos lentos, la misma adrenalina, las risas, los gestos, las ilusiones...

Cuando todo parecía ir mejor, el dado volvía a jugarle una mala pasada. Y otra vez, debía volver a empezar desde la salida, mientras ella lo miraba de reojo y sonreía sin piedad alguna. Todo en aquel juego de mesa era cuestión de suerte, como en la vida.

María Coca



Imagen: E. Stephenson

Dueños que se parecen a sus perros

Entre ellos la inercia lo es todo. Se miran, se observan, se huelen , se rozan, se aman, se rozan, se huelen, se observan, se miran y finalmente se alejan con sus respectivos perros.

María Coca

Imagen: D. R. Kovic

martes

DistanciaDos

A ellos la lejanía les acerca. Han construido una relación amorosa basada en la imagen que cada cual tiene del otro. No necesitan más. La distancia logra avivar la llama.

Sólo una vez se vieron pero procuran no recordarlo. Nada resultó ser como habían imaginado. No eran ni la mitad del sueño del otro. Así que, para mantener la ilusión de una relación abocada a la tragedia en las distancias cortas, decidieron que nunca más volverían a encontrarse.

Desde entonces viven felizmente alejados hasta que la muerte les una.



María Coca

Imagen: E. Madriaga

lunes

Herencia


Él era un niño que no creía en los finales felices. Igual que su difunto padre, pensaba la madre. Y tuvo que repetirle hasta la saciedad que su papá se había caído por las escaleras por accidente. Accidente -le repetía- sin saber que el niño la había visto empujarlo, al estar tan segura como él de que aquella relación no tendría un final feliz.


María Coca

Imagen: K. Morales

martes

Canales de incomunicación

Ella escogió una sopa de letras para decirle adiós. Pero él la encontró salada y no se la bebió. Al día siguiente, le escribió que ya no le quería en el espejo del aseo. Y esta vez, el vaho impidió que el mensaje llegara a su destinatario.

Desde entonces, no hace más que buscar canales de comunicación para expresarle lo que siente. Pero él sigue tan ciego de amor por ella que es incapaz de ver lo que no quiere ver.


María Coca

Imagen: R. Raycheva

Sobre mí

  • Maria Coca
  • Sevilla, Spain
Datos
Tú no eres como los demás niñ@s -decía mi madre- Y si no puedes sobrevivir en este mundo, mejor será que te construyas uno propio. (J. Winterson)
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