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Microrelatos


Ceguera

Sabía que el corazón jamás le mentiría, por eso le creyó. Más tarde se rindió a la razón, que tras explicárselo con todos sus argumentos posibles, le confesó que desde donde el corazón se encontraba era científicamente imposible que pudiera ver.


Herencia

Era la viva imagen de su difunto padre. Sin llegar a conocerlo, había heredado cada uno de sus rasgos, su voz y hasta la forma de ver el mundo a través de una miopía siempre en aumento. La madre jamás salió de su asombro. Sin duda, él había vuelto del más allá para vengarse de aquella traición con su hermano gemelo.


El final

Tenía la extraña sensación de que estaba en un error y era cierto. Aquello no era lo que parecía. A pesar de las advertencias, había caído en la trampa. Lentamente se elevó hacia la luz. Todo era como le habían contado: la claridad, la sensación de ahogo y la falta de aire. Dejó de respirar justo cuando lo depositaron sobre la cubierta del barco pesquero.


Contrarreloj

En la recta final, el atleta se dio por vencido. Apenas le quedaban unos centímetros para tocar la banda que le convertiría en ganador. Se imaginó tan sólo unos segundos más adelante en el tiempo y se vio rodeado de aplausos, al compás de los estrépitos de su corazón. No fue así. Cuando avanzó el último paso que le conduciría a la meta, el reloj dio marcha atrás y el segundero se mofó de él calibrando el tiempo en su contra.

La autopista

Su vida era un remanso de paz hasta que construyeron la autopista. Los pájaros que cada mañana le despertaban se marcharon y dejaron a los automóviles con esa misión. El amplio ventanal del salón se convirtió en un rechinar constante de cristales al paso de los camiones y los vehículos de carga. No volvió a mirar hacia el exterior por miedo a que el asfalto le sugiriera caer para abrazarlo y poco a poco, se fue haciendo de objetos de todo tipo para atrincherarse frente al ruido y a la polución.

Al cabo de diez años los bomberos entraron para llevárselo todo. Gracias a su síndrome de Diógenes pudo pasar el resto de sus días en un sanatorio con vistas al mar.


María Coca.

Sobre mí

  • Maria Coca
  • Sevilla, Spain
Datos
Tú no eres como los demás niñ@s -decía mi madre- Y si no puedes sobrevivir en este mundo, mejor será que te construyas uno propio. (J. Winterson)