martes

Nunca me despido de tí





Nunca me despido de tí
porque llevo tu olor pegado a mi piel,
tus dedos entre mi pelo,
esos labios pecadores en mi cuello,
tu sonrisa en mi pupila.

Conmigo en mis silencios,
en las cuerdas de mi guitarra,
en el tacto de mis manos vacías sin tu cuerpo.
Vives dentro de mi boca,
que no sale de su asombro,
cuando dice te quiero.

Nunca me despido de tí
porque soy tú.


Aijin

jueves

Sueña














Sueña como si fueras a vivir para siempre

y vive como si fueras a morir mañana.


James Dean.

sábado

El nombre de las cosas


Si pudiera explicar el nombre de las cosas,
saber por qué sol es una palabra que ilumina
y escarcha la que nos hiela,
podría conocer la causa por la que,
al decir te quiero
la razón se muere de miedo.

María Coca.


viernes


Veneno vital

La vida me ha envenenado.
Tanto tiempo sin sentirla,
manto oscuro, sombra gris,
que un simple beso han despejado.

La vida me ha envenenado.
Bastó una sola caricia,
una palabra,
un suspiro entrecortado.

La vida me ha envenenado
y ha sentado sus reales
en la boca del estómago
en la sangre de mis venas,
en la sienes palpitantes,
en el miembro enervado.

La vida me ha envenenado
y sólo a ratos,
no entiendo,
como puedo vivir sin estar a su lado.

La vida me ha envenenado…
y sólo quiero vivir,
por siempre...
intoxicado.

Aijin.

jueves

Microrelatos


Ceguera

Sabía que el corazón jamás le mentiría, por eso le creyó. Más tarde se rindió a la razón, que tras explicárselo con todos sus argumentos posibles, le confesó que desde donde el corazón se encontraba era científicamente imposible que pudiera ver.


Herencia

Era la viva imagen de su difunto padre. Sin llegar a conocerlo, había heredado cada uno de sus rasgos, su voz y hasta la forma de ver el mundo a través de una miopía siempre en aumento. La madre jamás salió de su asombro. Sin duda, él había vuelto del más allá para vengarse de aquella traición con su hermano gemelo.


El final

Tenía la extraña sensación de que estaba en un error y era cierto. Aquello no era lo que parecía. A pesar de las advertencias, había caído en la trampa. Lentamente se elevó hacia la luz. Todo era como le habían contado: la claridad, la sensación de ahogo y la falta de aire. Dejó de respirar justo cuando lo depositaron sobre la cubierta del barco pesquero.


Contrarreloj

En la recta final, el atleta se dio por vencido. Apenas le quedaban unos centímetros para tocar la banda que le convertiría en ganador. Se imaginó tan sólo unos segundos más adelante en el tiempo y se vio rodeado de aplausos, al compás de los estrépitos de su corazón. No fue así. Cuando avanzó el último paso que le conduciría a la meta, el reloj dio marcha atrás y el segundero se mofó de él calibrando el tiempo en su contra.

La autopista

Su vida era un remanso de paz hasta que construyeron la autopista. Los pájaros que cada mañana le despertaban se marcharon y dejaron a los automóviles con esa misión. El amplio ventanal del salón se convirtió en un rechinar constante de cristales al paso de los camiones y los vehículos de carga. No volvió a mirar hacia el exterior por miedo a que el asfalto le sugiriera caer para abrazarlo y poco a poco, se fue haciendo de objetos de todo tipo para atrincherarse frente al ruido y a la polución.

Al cabo de diez años los bomberos entraron para llevárselo todo. Gracias a su síndrome de Diógenes pudo pasar el resto de sus días en un sanatorio con vistas al mar.


María Coca.

Táctica y Estrategia


Mi táctica es mirarte
aprender como sos
quererte como sos.
Mi táctica es hablarte y escucharte
construir con palabras
un puente indestructible.
Mi táctica es quedarme en tu recuerdo
no sé cómo ni sé con qué pretexto
pero quedarme en vos.
Mi táctica es ser franco
y saber que sos franca
y que no nos vendamos simulacros
para que entre los dos
no haya telón ni abismos.

Mi estrategia es en cambio
más profunda y más simple.
Mi estrategia es que un día cualquiera
no sé cómo ni sé con qué pretexto
por fin me necesites.

Mario Benedetti



Sobre mí

  • Maria Coca
  • Sevilla, Spain
Datos
Tú no eres como los demás niñ@s -decía mi madre- Y si no puedes sobrevivir en este mundo, mejor será que te construyas uno propio. (J. Winterson)