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Odisea sentimental

El vino se enamoró de su sangre roja sin más pretensiones que ahogar su tristeza. Cada noche sin domingos que guardar, acudía al mismo bar donde destilaba sueños inconclusos.

Ulises se había convertido en un alma en pena que lloraba a través de un saxo hasta que el sol del amanecer le secaba las lágrimas. No era ningún héroe. Su mitología tenía forma de mujer perdida en medio de una tempestad y cada noche invocaba su nombre con la voz del saxo.

Al llegar, buscaba su lugar en la barra como un animal de costumbres. Con cuarenta años esfumados en los bolsillos, no le quedaba más rebeldía que vivir como un músico de fama dormida. Así que se acomodaba en su asiento y buscaba entre la clientela sin saber a quién. Más tarde, cuando la sala colgaba el cartel de no hay vacantes en la barra, empezaba su actuación.

Esa noche, una vez más, bebió de su copa y comenzó a tocar. El silencio se dispersó con el humo y los acordes del saxo inundaron el local de melancolía. Todos le miraban. El foco sobre sus pies transportaba a Ulises a su propio mundo y sin más partituras que los latidos de su corazón, empezó a acariciar a su amante con sus dedos. Nadie se dio cuenta de las lágrimas que caían por su rostro sin afeitar. Él seguía navegando en un mar de acordes para enamorados de ilusiones perdidas, porque a pesar de su ausencia, ella regresaba cada noche a su lado para inspirarle sonidos con los que revivir las fantasías de un hombre que nunca sería ningún mito.

En aquella madrugada con olor a sudor y tabaco, Ulises navegó por sus notas en busca de una escala donde encontrar a su amor perdido, aunque no la encontró. Ella, cansada de tantas noches de abandono, prefirió el sonido del polvo blanco para poder tejer su presencia y besar sus labios en la distancia. Poco a poco, sin que él supiera nada, se fue perdiendo más y más en una maraña de soledades negras y una noche de frío en el alma, decidió viajar hasta Ítaca para encontrarlo.

Ulises llegó tarde. Ella ya se había marchado con una sonrisa en sus labios resecos. Y la veló junto a su saxo durante dos días. Al tercero, acudió al bar de costumbre y lloró a través de cada nota por una eternidad, como en esta noche de cíclopes de cristal en cada vaso.


María Coca

maría, en el viaje de vuelta a ítaca, en el de partida, en todos, lo que encontramos es un reflejo de nosotros mismos (kavafis, ya sabes)

si estoy aquí es porque soy como tú

amor

Pobres los dos.

Aunque pensándolo bien, es tan bonito así, espero que no me lo tengan en cuenta.

Besos.

Odiseo siempre me pareció un pobre hombre sobrevalorado con más astucia que inteligencia. De haber tenido lo segundo jamás habría dejado a Penélope tejiendo soledades cada anochecer. ¿O tal vez su mayor estupidez fue abandonar a Nausica? ¿Vosotros que pensáis?

No todos los Ulises tienen la suerte del primero y Penélope no hay más que una...

mua!

.. a pesar de todo.. "a pesar de su ausencia, ella regresaba cada noche a su lado para inspirarle" ..
.. me quedo con eso..
.. besitos desde mis colinas.. :-)

A estas alturas dudo hasta de la fidelidad de penélope, y de la veracidad de sus tejidos.

Un placer leerte, como siempre.

Un saludo desde las arenas del Cantábrico.

Precioso relato, María. Son las historias como ésta y las personas como Ulises las que me hacen volver siempre a tu tasca.

Con el cariño de siempre desde un rincón del Mediterráneo.

Guauuu. Qué história más bonita. Me he quedado prendado. Es como si algo dentro de mi se hubiera encogido, no sé si de dolor o de pasión, de miedo o alegría, al leerte.
En hora buena.

Ulises esperó a que volviera Penélope y destejió la memoria.

Odisea...

...una de las más bellas palabras.

Por su significado, por su trasfondo, por su fonética. Por todo.

Besos desde la otra orila...

Qué relato tan hermoso, pero bueno al menos me alegra saber que ella estaba para inspirarlo.
Saludos

Perfecto para introducir una novela negra a partir de un ambiente de jazz.
Enhorabuena.

Qué preciosidad, niña; he sentido que yo estba allí.
Un besote

Está bien esa imagen del vino que se enamora de la sangre, al fin y al cabo la segunda es morada del primero. Y para muchos fluido vital sin el cual no se encara bien esto del vivir, ya lo decían los clásicos con sus jarricas de vino o el propio Tirant cuando vio el rojo líquido en la garganta de su amor Carmesina y creyó morirse de goce, y así muchos más. Pero creo que este Ulises va por otra senda menos apetecible y vitalista: la de la autodestrucción, ejemplos vivos y diarios de los cuales mucho de nosotros hemos sido, por desgracias, testigos. Lástima que la vida, a veces, no se mire con otros ojos.
Gracias,

Buena historia , ese mar de acordes me llevò y me trajo de nuevo.Despuès ese llanto del final, que es otra música.

Un abrazo.

Historia muy negra, negrísima, sí...
Saxo de fondo para amores que matan.
Besos

Y las lágrimas bañarán sus mejillas con cada acorde, porque ella regresará cada noche a su lado, como cualquier enamorado repleto de ilusiones... perdidas?

Preciosas palabras para acompañar una bella historia. Un abrazo

Ulises.. tarde y mal como siempre prime :)

Hay ausencias que son indescriptibles, soledades tenebrosas… la descripción que puede ofrecernos el sonido de un saxofón, es quizá la descripción más cercana a la realidad. Sin duda alguna la música puede causar que esas ausencias sean representadas con un dolor profundo y musitado, el lenguaje siempre se queda corto, aunque no niego que tus palabras y la descripción de la situación, hacen que me transporte y sienta tales ausencias en mis propios ojos, mientras te leo.
Que lindo relato. Me gusta mucho. Y también el aspecto de tu nuevo boliche (es que en América no usamos la palabra tasca, aunque lo confieso, tasca suena mucho más misteriosa). Me gusta mucho el azul que has escogido.
Besos hasta tu orilla, y por cierto, muy pronto visitare Sevilla, estoy seguro que quedare encantado, siempre quise navegar en ese lado del Atlántico.
Saludos!

Mitología de la actualidad...

Este Ulises me recuerda, en cierta forma, al Trompetista de Utopía...

Muy bien narrado linda! besos!

Bonita, vuelvo a tu tasca para invitarte a recoger un premio en Peumayen...

un besazo!:)

El del saxo habrá sido hermano del hombre del piano, no? Mala suerte la de la familia completa...
Cariños, preciosa. Muy bello relato, como siempre.

precioso relato.
Que bella Odisea adapatada a nuestros tiempos.
Me gustó tu blog.
Un saludo!

De regreso a agradecerte infinitamente tus palabras... son duras pero muy ciertas y reales. Gracias por dejar tu huella...
Un besote!!!

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Sobre mí

  • Maria Coca
  • Sevilla, Spain
Datos
Tú no eres como los demás niñ@s -decía mi madre- Y si no puedes sobrevivir en este mundo, mejor será que te construyas uno propio. (J. Winterson)