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El voyeur

Miró a través del tragaluz y contuvo la respiración. Agachado como estaba en aquella posición tan incómoda, el sudor comenzó a resbalar por su frente arrugada. La situación le excitaba. Se sentía feliz en medio del silencio roto.

Estaba siendo testigo de un acontecimiento único. No quería perderse ni el más mínimo detalle. La luz de la estancia le desbordaba. Empezó a parpadear inconscientemente, intentando adaptarse al ambiente. Una lágrima se mezcló con el sudor que ya resbalaba por su mejilla. No le incomodó. Estaba acostumbrado a la humedad. Sólo le preocupaba contemplar el espectáculo y acoplarse al entorno como un camaleón. Sin embargo, a pesar de su concentración, los sonidos que llegaban hasta él le perturbaban. Era capaz de escuchar vibraciones irreconocibles. Oía hasta el crujido de las ventanas cerradas. Estaba seguro de que el viento también quería mirar.

El estruendo de un gorrión posado en algún sitio le hizo sudar con mayor profusión. Su piel se tiñó de un rojizo extraño. Llevaba demasiado tiempo conteniendo el aire. De pronto dejó de sentirse protegido. El tragaluz le deslumbró completamente. Se sintió atrapado. Ahora era vulnerable. Lo habían descubierto.

Escuchó diversos sonidos al mismo tiempo. Un zarandeo de alguien que no pudo identificar y su extraño olor. Gritó de miedo pero ya era tarde. Le golpearon con fuerza. La excitación se transformó en terror. El placer en dolor. En deninitiva, su nacimiento marcó el resto de sus días como voyeur: estaba predestinado.




María Coca

Expectador de su propia vida...original como todos tus post...

Besos Coquita

este nacimiento a la vida, a otra vida, es genial... cómo escribes el desapego, la fractura definitiva...

predestinado a leerte

un beso

Caray, sacas petróleo con un chasquido de dedos. Vaya relato. Qué capacidad.

Besos.

Es conmovedor...Lo sentí como el nacimiento, ese dolor primero de vida que sentimos todos: dolor que es placer y es incertidumbre desde el primer momento. Es una hermosa reflexión narrativa. Me fascina tu magia en el relato.
Te mando un abrazo.

.. que cosa �sta del nacimiento y de lo que llamamos "vida".. encima que te sientes tan peque�o e indefenso, que estas ah� t� un buen d�a sin venir a cuentay tan tranquilo, te quieren enseguida echar para afuera y encima te llaman voyeur, jajaja.. :-)
.. �que imaginaci�n tienes, sevillana!!..
.. besitos, Mar�a..

Muy bueno, María, muy bueno. Me recuerda un post (nostalgia) de mi blog, pero en honor a la verdad, me ha gustado más el tuyo. Besitos

Asi deberiamos ser continuos vouyeristas de nuestra propia vida. Pero hay ocasiones que estamos tan al pendiente del vecino que nos olvidamos de observar nuestras propias reacciones.

Besos

Hasta el final me tuviste en ascuas.

Buenísimo.

Genial. Como siempre.

Besos.

Querida María, la inspiración nunca se ausenta de tu tasca. Tus cócteles siguen siendo los más sabrosos.

Un beso desde el Mediterráneo.

qué bueno y qué bien escrito...si es que tienes una pluma!

un beso

Ahora entiendo por qué soy voyeur.

muy bueno tu relato,felicitacios Mc.(humildemente)

Genial maria. ¿Te has fijado cierta gente que se sientan en las terrazas? autenticos voyeures

realmente muy bien llevada esta historia. siempre penséq ue los escritores tenian algo voyeur, sino, no lo podrían hacer.
besos

Final inesperado, como siempre. Bello... al final, somos voyeuristas de la vida misma, todos tenemos algo...

Fabuloso, inesperado y muy pero muy creativo.

Besos ultrasonicos.

La vida entra por los ojos, vive en los ojos y al final se va con ellos; solo que tenemos ojos diferentes. Muchos no ven más allá de sus narices y otros miran las cosas con ojos de espejo deformado, y ahí precisamente está la gracia, lo que realmente importa, venir al mundo para mirar como se deforman las cosas es ciertamente hermoso.
Saludos

Sencillamente, espectacular, cada vez mas...

Qué bueno, María. En ascuas hasta el final...

Siempre me pareció una incorrección imperdonable recibir al recién nacido con una cachetada.

Besos...

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Sobre mí

  • Maria Coca
  • Sevilla, Spain
Datos
Tú no eres como los demás niñ@s -decía mi madre- Y si no puedes sobrevivir en este mundo, mejor será que te construyas uno propio. (J. Winterson)