lunes

Ensoñación


Tengo ganas de acurrucarme en tu memoria
fabricar una almohada con tus besos
y soñar que me piensas
para despertarme contigo



María Coca





jueves

Odisea sentimental

El vino se enamoró de su sangre roja sin más pretensiones que ahogar su tristeza. Cada noche sin domingos que guardar, acudía al mismo bar donde destilaba sueños inconclusos.

Ulises se había convertido en un alma en pena que lloraba a través de un saxo hasta que el sol del amanecer le secaba las lágrimas. No era ningún héroe. Su mitología tenía forma de mujer perdida en medio de una tempestad y cada noche invocaba su nombre con la voz del saxo.

Al llegar, buscaba su lugar en la barra como un animal de costumbres. Con cuarenta años esfumados en los bolsillos, no le quedaba más rebeldía que vivir como un músico de fama dormida. Así que se acomodaba en su asiento y buscaba entre la clientela sin saber a quién. Más tarde, cuando la sala colgaba el cartel de no hay vacantes en la barra, empezaba su actuación.

Esa noche, una vez más, bebió de su copa y comenzó a tocar. El silencio se dispersó con el humo y los acordes del saxo inundaron el local de melancolía. Todos le miraban. El foco sobre sus pies transportaba a Ulises a su propio mundo y sin más partituras que los latidos de su corazón, empezó a acariciar a su amante con sus dedos. Nadie se dio cuenta de las lágrimas que caían por su rostro sin afeitar. Él seguía navegando en un mar de acordes para enamorados de ilusiones perdidas, porque a pesar de su ausencia, ella regresaba cada noche a su lado para inspirarle sonidos con los que revivir las fantasías de un hombre que nunca sería ningún mito.

En aquella madrugada con olor a sudor y tabaco, Ulises navegó por sus notas en busca de una escala donde encontrar a su amor perdido, aunque no la encontró. Ella, cansada de tantas noches de abandono, prefirió el sonido del polvo blanco para poder tejer su presencia y besar sus labios en la distancia. Poco a poco, sin que él supiera nada, se fue perdiendo más y más en una maraña de soledades negras y una noche de frío en el alma, decidió viajar hasta Ítaca para encontrarlo.

Ulises llegó tarde. Ella ya se había marchado con una sonrisa en sus labios resecos. Y la veló junto a su saxo durante dos días. Al tercero, acudió al bar de costumbre y lloró a través de cada nota por una eternidad, como en esta noche de cíclopes de cristal en cada vaso.


María Coca

lunes

El peso de la lógica

Tenía una lógica tan aplastante que le pesaba demasiado. Por eso se puso a practicar ejercicio. Ya no era cuestión de mantener sólo la forma física sino de mejorar además su visión de las cosas, cansado de verlo todo desde el mismo plano.

La bicicleta le dio un giro a su mundo. Empezó a sentirse algo más liviano y poco a poco dejó que el viento aireara su mente. Sin embargo, cierto día la cadena se rompió de cuajo y con ella todos sus progresos junto algún que otro hueso. Desde entonces, lógicamente odia el deporte.


María Coca

jueves

Cuerpo a cuerpo



Si mañana amanece
será por la luz que derrochas
con tu desnudez invasora
ahora que la noche nos alcanza
y tu cuerpo me derrota





María Coca

lunes

Vida soñada

De la noche a la mañana, se dedicó a juntar quimeras unas con otras y al amanecer, sus ojos le mostraron sólo lo que quería ver. Desde entonces, sueña que vive como sueña.



María Coca

martes

Con tacto




Con el lenguaje del tacto
escribiré un poema sobre tu piel
plagado de caricias, besos y comas
que sólo tú podrás leer




María Coca






Imagen: Aleksey Kozlov

Sobre mí

  • Maria Coca
  • Sevilla, Spain
Datos
Tú no eres como los demás niñ@s -decía mi madre- Y si no puedes sobrevivir en este mundo, mejor será que te construyas uno propio. (J. Winterson)