martes

Amor con espinas

A él los celos le cegaron de por vida mientras que ella se volvió loca de amor. Y pese a las trabas que el quererse les confiere, a su modo se siguen amando profundamente, entre el tacto sutil de uno y los gritos efusivos de la otra.

María Coca

Imagen: PhotoDim

jueves

De mitos maltratados

A pesar de su buena fama, el príncipe azul estaba cansado de su destino. Quería ser un hombre de verdad. Convertirse en una persona de carne y hueso, con sus virtudes y defectos. No aguantaba más que las mujeres pensaran tanto en él para después terminar siempre con otros. Pero… ¿cómo dejar de ser un mito?

Esa pregunta le atormentó día tras día hasta que pudo formulársela a otro príncipe de su mismo color. Sabía que tampoco en ese espacio estaba solo. De hecho eran cientos de miles pero aparecían y desaparecían tan rápidamente que resultaba imposible organizar algo parecido a un motín.

Ser un mito- respondió el otro- no es nada agradable, pero al menos a tí nunca te han convertido en sapo.


María Coca

Imagen: S. Güler

lunes

Cadena Perpetua


La ley del deseo carece de normas
pero quien la incumple
se condena al recuerdo eterno
de lo nunca vivido



María Coca

Imagen: Niko Guido

martes

Crimen pasional

A sabiendas de lo que hacía, le disparó en el pecho. Después notó el peso del arma en su mano y un agujero del tamaño de un cráter apareció en su corazón. Pese a las apariencias, él era un asesino con sentimientos.

Con el ruido de su moto, ensordeció el recuerdo de aquel proyectil y aceleró cuanto pudo para huir de su conciencia, que nunca había sido mala del todo.

Se conocieron en una fiesta de fin de año y aquel cambio de siglo en un segundo, les auguró una relación tortuosa desde el principio. Nunca llegaron a entenderse del todo y mientras más tiempo pasaban juntos, más alejados se encontraban, pero se querían.

Ahora no sabría decir cuándo tomó la decisión de acabar con su vida, aunque tenía claro que aquella situación resultaba insostenible para los dos. O eso se repetía miles de veces para justificarse. Sin embargo, sabía que el problema en este instante era otro: vivir con ello; respirar sintiendo que su conciencia le ahogaba.

Hasta llegar a su casa, nació y murió varias veces tratando de enterrar sus miedos. Después respiró profundamente, haciéndole el boca a boca a su entereza para pasar inadvertido frente a los vecinos.

Al abrir la puerta de su apartamento, el olor a humedad le caló los huesos. Su mujer lo esperaba en el salón, con la televisión encendida.

-Menos mal que ya estás aquí, querido. Tengo malas noticias que darte.
-¿Qué pasa?
-Acaban de anunciarlo en las noticias. Han encontrado muerto a uno de tus alumnos del instituto. Dicen que se ha suicidado. ¡Es horrible!

Él no dijo nada. Se desprendió de la chaqueta de piel y del casco repleto de cadáveres entre los que se hallaba su memoria. Y sin querer acordase nunca más de nada, abrazó a su mujer como cada día.


María Coca

Imagen: Oleg Seleznev

jueves

Sudor y lágrimas

A pesar de su fuerza física, era una mujer débil. Los trofeos que decoraban su casa servían para camuflar las grietas de su realidad. Y día tras día, en su afán de superación ejercitaba cada uno de sus músculos con la ilusión de lograr endurecer el corazón.

Sin embargo, a cada victoria deportiva se sentía más frágil y se pasaba los días llorando sin razón aparente. En su caso, aquella cita latina de Juvenal: “Mens sana in corpore sano” no tenía razón de ser sino todo lo contrario. Por eso tiró la toalla justo antes de alcanzar la meta que le habría supuesto una medalla de oro en aquellas olimpiadas. Tanto deporte le estaba robando la salud.


Imagen: Damian Susrard
Texto: María Coca

lunes

Inocencia vital

Como nunca se había visto frente a un espejo, no era consciente del paso del tiempo. E incapaz de perder el tiempo ni ganarlo, se dedicó a vivir en un presente continuo que, en su caso, resultó eterno.



María Coca

Sobre mí

  • Maria Coca
  • Sevilla, Spain
Datos
Tú no eres como los demás niñ@s -decía mi madre- Y si no puedes sobrevivir en este mundo, mejor será que te construyas uno propio. (J. Winterson)