martes

El desmitificado

El día que se le cayeron todos los mitos al suelo, conducía como de costumbre hacia el trabajo. Llegaba tarde así que aceleró cuanto pudo y fue entonces cuando ocurrió.

A primera vista, el accidente no le causó ningún problema físico. Cierto dolor en un brazo pero poco más. Eso sí: todos sus mitos aparecieron desparramados por todas partes y fue incapaz de recuperarlos.

Desde aquel momento, dejó de creer en nada o más bien empezó a creer en la nada. Buscó entre los mitos de su mujer pero no le sirvieron. Siempre habían tenido gustos y visiones muy dispares. Tampoco los superhéroes que tenían sus hijos le podían salvar a estas alturas. Así que, desmoralizado, se dedicó a hacer nada salvo trabajar, por supuesto. Mitos aparte, de la nada no se vive.


María Coca


Imagen: Denis Grzetic

lunes

Juego de disfraces

Se hizo mayor para que nadie se diera cuenta de que seguía siendo una niña. Y logró despistar a todos con su vestimenta y sus ademanes de mujer cansada de serlo. Pero cada vez que le era posible, se marchaba a la playa para pintarle las uñas al mar mientras esperaba la llegada de su príncipe azul. Sólo él podría sacarla de aquel cuento de realidad que tanto la aburría.


María Coca


Imagen: D. A. Suyamto

martes

Sincronismos

Entre él y ella, el tiempo era el tercero en discordia. Habían aprendido a compartir espacios pero eran incapaces de hacerlo en un mismo presente. Ella siempre iba por delante del minutero y él se quedaba rezagado entre los segundos. Así que cuando se besaban, ella ya pensaba en el después y él en qué había ocurrido antes para llegar a ese punto. De hecho, nunca hacían nada a la vez pero se querían a su manera -con antelaciones y retrasos- como cualquier pareja normal.


María Coca


Imagen: Victoria V.

Elección

Cuando el escritor que ya no escribe se marchó en busca de la imaginación, sólo llevaba una corazonada en la maleta: sabía que tarde o temprano la encontraría. Y se dejó llevar de norte a sur y de este a oeste tras las huellas de su propio sueño.

Colocó anuncios en los periódicos, carteles por todas partes y hasta elaboró una página web para dar con ella. Pero todos sus esfuerzos parecieron inútiles, hasta que cierto día recibió un mensaje en su móvil: “No volveré contigo hasta que ella se vaya.”

Desde entonces, el escritor que ya no escribe respira tranquilo. Ahora sólo es cuestión de decirle adiós a la pereza.


María Coca


Imagen: Tim Holte

jueves

Las madres no mienten

Lo que no mata, engorda. Su madre siempre se lo había repetido. Por eso no le preocupaban aquellos kilos de más que tantos problemas de salud le acarreaban: tenía razones de peso para creer que viviría eternamente.

María Coca

Imagen: El Porte-Bonheur

Sobre mí

  • Maria Coca
  • Sevilla, Spain
Datos
Tú no eres como los demás niñ@s -decía mi madre- Y si no puedes sobrevivir en este mundo, mejor será que te construyas uno propio. (J. Winterson)