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Tamiz

El niño inventó un colador de tristezas para su madre. Se lo dio a la hora de cenar. Ella lo miró extrañada. Para ti, le dijo. Es mágico, añadió. Después pasaron los días como ovejas tras el sol. La madre seguía llorando a marejadas, a hurtadillas, humedeciendo la casa a todas horas sin poder evitarlo.

¿Por qué no pruebas mi regalo? Le preguntó él cierto día. Te curará, afirmó mirándola a las ínsulas de sus ojos. ¿Curarme? Respondió ella. ¿Y qué sería de mí entonces? Necesito de la tristeza para ser quien soy.

Desde ese momento, el niño trabaja en el invento de un colador que le permita pasar al otro lado de su realidad. Justo allí donde las madres felices existen.


María Coca
Imagen: J. Kristoffersson

Tal vez el otro lado de la realidad sea más verdadero que este, donde se viven pesadillas de las que no podemos despertar porque la ilusión consiste en soñar que ya estamos despiertos.

Me ha gustado mucho, María. Como siempre.

Besos,
SALETA

PD) Si el niño da con este segundo colador no olvides avisarme.

Ese niño es un portento. Creo que necesito un colador de ese tipo.
Besos sin filtros.

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Sobre mí

  • Maria Coca
  • Sevilla, Spain
Datos
Tú no eres como los demás niñ@s -decía mi madre- Y si no puedes sobrevivir en este mundo, mejor será que te construyas uno propio. (J. Winterson)